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Movimientos iniciáticos contemporáneos


Cierto es que existe hoy en día un número considerable de sectas ocultas, sociedades secretas, agrupaciones pseudoiniciaticas , movimientos herméticos, neoespiritualistas, etc. La sociedad teosófica, la antroposofía, el neovedantismo o el neobudismo, no son sino las más conocidas expresiones de un fenómeno cultural acreditado prácticamente por todo el mundo occidental. Este fenómeno no es nuevo. El interés por el ocultismo, así como la tendencia a agruparse en sociedades secretas más o menos iniciáticas, hace su aparición en Europa ya en el siglo XVI para alcanzar su punto culminante en el XVIII. El único movimiento secreto que presenta cierta coherencia ideológica, que posee ya una historia y que goza de prestigio social y político es la masonería. Las demás organizaciones con pretensiones iniciáticas son, en su mayor parte, improvisaciones recientes e híbridas. Su interés es más que nada de orden sociológico y psicológico: ilustran la desorientación de una parte del mundo moderno, el anhelo de hallar un sustituto a la fe religiosa. Ilustran asimismo la irreductible atracción por los “misterios”, por lo oculto, por el más allá, que forma parte del ser humano, y que puede comprobarse en todas las épocas y a todos los niveles de cultura, sobretodo en tiempos de crisis. 

Micaela Eliade. Iniciaciones Místicas.

La caverna iniciática y las puertas solsticiales según René Guenón



En la muerte al mundo profano seguida del “descenso a los infiernos”, que se realiza en la caverna, no hay más que una preparación a la iniciación. Esta muerte es asumida como un “segundo nacimiento” y como un paso de las tinieblas a la luz. Muerte y renacimiento son dos caras de un mismo cambio de estado, y el paso de un estado a otro debe verificarse en la oscuridad. En este sentido la caverna sería el lugar oportuno de dicho tránsito. Muy lejos de constituir un logar tenebroso, la caverna iniciática está iluminada interiormente, de modo que, muy al contrario la oscuridad reina fuera de ella, pues el mundo profano se asimila a las “tinieblas exteriores” y el “segundo nacimiento” es a la vez una iluminación. Adviértase que, cuando la misma cueva es el lugar de la muerte iniciática y del segundo nacimiento, debe entonces ser considerada como acceso no sólo a los dominios subterráneos o infernales, sino también a los dominios supraterrenales.

Desde el punto de vista iniciático también debe considerarse la distinción importante entre el “segundo nacimiento” y el “tercer nacimiento” que se relacionan con la iniciación a “los pequeños misterios” y a “los grandes misterios”. El segundo nacimiento también se conoce como “regeneración psíquica” y tiene lugar en el ámbito de las posibilidades sutiles del individuo. El “tercer nacimiento” se efectúa directamente en el orden espiritual y es el acceso al ámbito de las posibilidades supraindividuales. El primero es propiamente un “nacimiento en el cosmos”, el segundo es “extracósmico”, y esta “salida del cosmos” según la expresión de Hermes, ha de corresponder, para que el simbolismo sea completo, una salida final de la cueva. Ésta contiene las posibilidades incluidas en el “cosmos” las que el iniciado debe superar en esta nueva etapa de desarrollo de su ser, del cual el “segundo nacimiento” no era en realidad más que el punto de partida.


La salida de la cueva iniciática, considerada como representación de la “salida del cosmos” se ha de efectuar, al parecer, por una obertura situada en el cenit de la bóveda. Según ciertos rituales de dicho punto pende la “plomada del Gran Arquitecto” que señala la dirección del eje del mundo que indica “techo del mundo”. Cabe señalar que para que la salida pueda producirse es preciso retirar una piedra de la bóveda que correspondería a la “clave de bóveda” del Royal Arch.

La cueva iniciática o caverna no tiene otra salida que la cenital y esta tendrá que servir de entrada y salida. A pesar que la entrada y la salida de la cueva deberían situarse en los dos puntos opuestos del eje y puesto que es impensable que una entrada a los “grandes misterios” se realice a través de un viaje subterráneo, encontramos la solución al enigma a través del simbolismo solar; concretamente a través del ciclo anual de los solsticios de verano y de invierno que son los dos puntos que corresponden el eje norte-sur. Siendo así, la caverna "cósmica" podrá tener dos puertas "zodiacales", opuestas según el eje que acabamos de considerar, y por lo tanto correspondientes, respectivamente, a los dos puntos solsticiales, una de las cuales servirá de entrada y la otra de salida. La puerta de entrada se designa a veces como la "puerta de los hombres", quienes entonces pueden ser iniciados en los "pequeños misterios" como simples profanos, puesto que no han sobrepasado aún el estado humano; y la puerta de salida se designa entonces, por oposición, como la "puerta de los dioses", es decir, aquella por la cual pasan solamente los seres que tienen acceso a los estados supraindividuales.

Hemos dicho que las dos puertas zodiacales, que son respectivamente la entrada y la salida de la "caverna cósmica" y que ciertas tradiciones designan como "la puerta de los hombres" y la puerta de los dioses", deben corresponder a los dos solsticios, debemos ahora precisar que la primera corresponde al solsticio de verano, es decir, al signo de Cáncer, y la segunda al solsticio de invierno, es decir, al signo de Capricornio. Para comprender la razón, es menester referirse a la división del ciclo anual en dos mitades, una "ascendente" y otra "descendente": la primera es el período del curso del sol hacia el norte (uttaràyana), que va del solsticio de invierno al de verano; la segunda es la del curso del sol hacia el sur (dakshinàyana), que va del solsticio de verano al de invierno. En la tradición hindú, la fase "ascendente" está puesta en relación con el deva-yâna ["vía de los dioses"], y la fase descendente con el pitr-yâna ["vía de los padres (o antepasados)", lo que coincide exactamente con las designaciones de las dos puertas que acabamos de recordar: la "puerta de los hombres" es la que da acceso al pitr-yâna, y la "puerta de los dioses" es la que da acceso al deva-yâna; deben, pues, situarse respectivamente en el inicio de las dos fases correspondientes, o sea la primera en el solsticio de verano y la segunda en el solsticio de invierno. Solo que, en este caso, no se trata propiamente de una entrada y una salida, sino de dos salidas diferentes: esto se debe a que el punto de vista es otro que el referente de modo especial al papel iniciático de la caverna, bien que en perfecta conciliación con éste.

 En efecto, la "caverna cósmica" está considerada aquí como el lugar de manifestación del ser: después de haberse manifestado en ella en cierto estado, por ejemplo en el estado humano, dicho ser, según el grado espiritual al que haya llegado, saldrá por una u otra de las dos puertas; en un caso, el del pítr-yâna, deberá volver a otro estado de manifestación, lo que estará representado, naturalmente, por una nueva entrada en la "caverna cósmica" considerada así; al contrarío, en el otro caso, el del deva-yâna, no hay ya retorno al mundo manifestado. Así, una de las dos puertas es a la vez una entrada y una salida, mientras que la otra es una salida definitiva; pero, en lo que concierne a la iniciación, esta salida definitiva es precisamente la meta final, de modo que el ser, que ha entrado por la "puerta de los hombres", debe salir, si ha alcanzado efectivamente esa meta, por la "puerta de los dioses". La “puerta de los dioses” sólo puede ser una entrada en el caso de un descenso voluntario al mundo manifestado, sea de un ser ya “liberado”, sea de un ser que representa la expresión directa de un principio “supracósmico”.

En el pitagorismo el simbolismo zodiacal parece haber tenido una pareja importancia. Las expresiones puerta de los hombres y puerta de los dioses son precisamente de raigambre griega. Según Jerome Carcopino los pitagóricos habían construido toda una teoría sobre las relaciones del zodíaco con la migración de las almas.  Proclo y a Porfirio: concuerdan en atribuir a Numenio la determinación de los puntos extremos del cielo: el trópico de invierno, bajo el signo de Capricornio, y el trópico de verano, bajo el de Cáncer, y en definir, evidentemente siguiendo a Numenio y según los "teólogos" que éste cita y que le han servido de guías, Cáncer y Capricornio como las dos puertas del cielo. Sea para descender a la generación, sea para remontarse a Dios, las almas debían, pues, necesariamente franquear una de ellas". Según Proclo, Numenio afirmaba que por la puerta de Cáncer tenía lugar la caída de las almas en tierra, y por la de Capricornio, el ascenso de las almas al éter.

Acabamos de ver que el simbolismo de las dos puertas solsticiales, en Occidente, existía entre los griegos y más en particular entre los pitagóricos; se lo encuentra igualmente entre los latinos, donde está esencialmente vinculado con el simbolismo de Jano que es propiamente el ianitor ["portero"] que abre y cierra las puertas (ianuae) del ciclo anual, con las llaves que son uno de sus principales atributos; y recordaremos a este respecto que la llave es un símbolo "axial".  Jano [Ianus] ha dado su nombre al mes de enero (ianuarius), que es el primero, aquel por el cual se abre el año cuando comienza, normalmente, en el solsticio de invierno; además, cosa aún más neta, la fiesta de Jano, en Roma, era celebrada en los dos solsticios por los Collegia Fabrorum. Como las puertas solsticiales dan acceso, según lo hemos dicho anteriormente, a las dos mitades, ascendente y descendente, del ciclo zodiacal.  Jano era el dios de la iniciacióny esta atribución es de las más importantes, no solo en sí misma sino además desde el punto de vista en que ahora nos situamos, porque existe una conexión manifiesta con lo que decíamos sobre la función propiamente iniciática de la caverna y de las otras "imágenes del mundo" equivalentes de ella, función que nos ha llevado precisamente a considerar el asunto de las puertas solsticiales. A ese título, por lo demás, Jano presidía los Collegia Fabrorum, depositarios de las iniciaciones que, como en todas las civilizaciones tradicionales, estaban vinculadas con el ejercicio de las artesanías.

En el cristianismo, las fiestas solsticiales de Jano se han convertido en las de los dos San Juan, y éstas se celebran siempre en las mismas épocas, es decir en los alrededores inmediatos de los solsticios de invierno y verano. La sucesión de los antiguos Collegia Fabrorum, por lo demás, se transmitió regularmente a las corporaciones que, a través de todo el Medioevo, mantuvieron el mismo carácter iniciático, y en especial a la de los constructores; ésta, pues, tuvo naturalmente por patronos a los dos San Juan, de donde proviene la conocida expresión de "Logia de San Juan" que se ha conservado en la masonería, pues ésta no es sino la continuación, por filiación directa, de las organizaciones a que acabamos de referirnos.  Aun en su forma especulativa" moderna, la masonería ha conservado siempre también, como uno de los testimonios más explícitos de su origen, las fiestas solsticiales, consagradas a los dos San Juan después de haberlo estado a los dos rostros de Jano y así la doctrina tradicional de las dos puertas solsticiales, con sus conexiones iniciáticas, se ha mantenido viva aún, por mucho que sea generalmente incomprendida, hasta en el mundo occidental actual.



Aunque el verano sea considerado generalmente como una estación alegre y el invierno como una triste, por el hecho de que el primero representa en cierto modo el triunfo de la luz y el segundo el de la oscuridad, los dos solsticios correspondientes tienen sin embargo, en realidad, un carácter exactamente opuesto al indicado; puede parecer que hay en ello una paradoja harto extraña, y empero es muy fácil comprender que sea así desde que se posee algún conocimiento sobre los datos tradicionales acerca del curso del ciclo anual. En efecto, lo que ha alcanzado su máximo no puede ya sino decrecer, y lo que ha llegado a su mínimo no puede, al contrario, sino comenzar a acrecerse en seguida por eso el solsticio de verano señala el comienzo de la mitad descendente del año, y el solsticio de invierno, inversamente, el de su mitad ascendente; y esto explica también, desde el punto de vista de su significación cósmica, estas palabras de San Juan Bautista, cuyo nacimiento coincide con el solsticio estival: "Él (Cristo, nacido en el solsticio de invierno) conviene que crezca, y yo que disminuya"

Solsticio de verano

Puerta de los hombres

Ciclo ascendente (hacia el norte)

Del solsticio de invierno al de verano

Uttarayana

Acceso a pitri-yana

Puerta de entrada y salida

Polo sur del año

Signo de Cáncer



Solsticio de invierno

Puerta de los dioses

Ciclo anual descendente (hacia el sur)

Del solsticio de verano al de invierno

Dakshimayana

Acceso al deva-yana

Puerta de salida

Puerta de entrada voluntaria y exclusiva para un ser liberado

Polo norte del año

Signo de Capricornio



Bibliografía: Artículos de René Guenón encontrados en Internet.

Para saber más: “Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada” René Guenon. Paidós Orientalia.

Eros, demonio mediador.



“Todo lo que es profundo ama la máscara, las cosas más profundas de todas  siente incluso odio por la imagen y el símbolo”. El pudor con que un dios camina –precisa Nietzsche de forma paradigmática- debería ser sobretodo el del disfraz, mediante la oposición, la antítesis, esto es, el decir lo contrario de lo que se piensa y que no quiere revelar.

Con la introducción de la máscara de Diótima, bajo la cual se oculta la máscara de Sócrates, Patón intenta infundir en el discurso un clima altamente religioso, escenificando un auténtico ceremonial de “iniciación” a los misterios, en los distintos estadios, muy diferentes entre sí, a saber, el preliminar de purificación, el inicial (pequeños misterios)   y el supremo y conclusivo (grandes misterios).

A partir de la “purificación” mediante la liberación de las ideas falaces que confundían a Eros con la belleza suprema, y de la constatación de que Eros puede ser deseo de lo bello sólo si se carece de ello. Diótima hace emerger una verdad nueva y desconcertante: Eros no es ni bello ni tampoco bueno, porque siempre va en busca de lo bello y de lo bueno, pero por ello no es feo y malo.

Eros es “intermedio” entre lo feo y lo bello, entre lo malo y lo bueno, y por ello siempre está en busca de lo bello y lo bueno.

Pero Eros es aún más: además de “intermedio”, es también mediador. Es fuerza propulsora que vincula los opuestos y conduce siempre más cerca del término positivo. Éste es el concepto que encamina hacia la revelación de su naturaleza.

Eros es una gran demonio, en efecto, todo lo demónico está entre lo mortal y lo inmortal. 

[…] Al estar en medio de los dioses y los hombres, cumple una función integradora, de modo que el todo queda unido consigo mismo.

[…] La divinidad no se mezcla con el hombre, pero por obra de este demonio los dioses mantienen toda relación y todo diálogo con los hombres, tanto cuando están despiertos como cuando duermen.

El que es sabio en estas materias es un hombre demónico, mientras que quien lo es en otros terrenos, en otras artes u oficios, es un hombre corriente.

Eros, demonio mediador. Giovanni Reale. Herder Editorial. Barcelona 2004

La vía iniciática


"Cuando Dios terminó la creación del mundo, empieza a contemplar la posibilidad de crear al hombre, cuya función será meditar, admirar y amar la grandeza de la creación de Dios. Pero Dios no encontraba un modelo para hacerlo. Por lo tanto se dirige al primer ejemplar de su criatura, y le dice: "No te he dado una forma, ni una función específica, a ti, Adán. Por tal motivo, tendrás la forma y función que desees. La naturaleza de las demás criaturas la he dado de acuerdo a mi deseo. Pero tú no tendrás límites. Tú definirás tus propias limitaciones de acuerdo con tu libre albedrío. Te colocaré en el centro del Universo, de manera que te sea más fácil dominar tus alrededores. No te he hecho mortal, ni inmortal; ni de la tierra, ni del cielo. De tal manera, que podrás transformarte a ti mismo en lo que desees. Podrás descender a la forma más baja de existencia como si fueras una bestia o podrás, en cambio, renacer más allá del juicio de tu propia alma, entre los más altos espíritus, aquellos que son divinos." 

Esta cita pertenece a Giovanni Pico della Mirandola que fue un humanista y filósofo italiano del siglo XV que se esforzó en demostrar que la verdadera naturaleza del cristianismo era la confluencia de todas las tradiciones filosóficas anteriores, incluidas la filosofía griega, la alquimia y la cábala. 

La cita sitúa al hombre en una situación privilegiada respecto al resto de la creación y en posición intermedia entre el Cielo y la Tierra, dejando a su libre albedrío la opción de vivir en la tierra como un simple animal o la de alzarse en busca del camino de la divinidad. 

A lo largo de la historia y a partir de la toma de consciencia de su espiritualidad el hombre ha buscado y sigue buscando la escalera al Cielo ya sea por medio de la vía mística o la vía iniciática. Estas dos vías se muestran como caminos hacia el mundo de lo divino pero hay que tener presente, tal como les sucede a Dante en la Divina Comedia, que la vía mística separa al hombre de la Tierra y sólo es accesible para seres extraordinarios como fueron por ejemplo, Jesús, Mahoma o Buda. 

En su intento de ascensión mística Dante es detenido por tres fieras que se interponen en su camino, una pantera, un león y una loba hambrienta. La pantera representa el pecado de la lujuria que padeció Dante, el león simboliza la soberbia, el orgullo y la ambición moral de su propia naturaleza, y la loba hambrienta la avaricia y la codicia del poder papal y político de su tiempo. 

Ante la imposibilidad de poder seguir avanzando hacia la Luz, aparece Virgilio diciéndole que para proseguir debe seguir otra ruta, la iniciática. De esta forma se ofrece a ser su guía y empezar el descenso hacia el infierno, donde en su interior se encuentra el camino hacia el Cielo. 

Este descenso al infierno, al inframundo, o al interior de la tierra representa el regreso al útero de la Gran Madre y tiene sus correspondencias con el VITRIOL y la máxima Solve et Coagula de la alquimia, el despojo masónico de los metales, el segundo nacimiento de la filosofía perenne y, entre otros, el proceso de individuación de Jung en el que el descenso al inframundo equivale al viaje a lo inconsciente de la mente. 

Los cultos mistéricos de antigüedad como el de Isis, Eleusis, Dionisos o Mitra, el hermetismo, el pitagorismo, el gnosticismo, la cábala, la alquimia, el neoplatonismo, el rosacrucismo son algunos ejemplos de las tradiciones iniciáticas por las que ha transitado la humanidad a lo largo de la historia. 

En la masonería podemos ir descubriendo muchas analogías con todas estas antiguas tradiciones que anhelan ascender por la escalera de Jacob. Todas ellas comparten, con distinto nombre, un único misterio basado en la muerte y la resurrección que hace referencia a la muerte de lo viejo, que representa nuestra naturaleza animal y el nacimiento de lo nuevo simbolizado por nuestra naturaleza espiritual. 

Según la mitología Dioniso era el hijo de Zeus y Perséfone, antes de que esta se convirtiera en reina del Hades. El pequeño creció en Creta, protegido por los mismos guardianes que habían guardado a Zeus de los ojos de Cronos. Pero los Titanes, cuando se enteraron que Zeus había nombrado a Dionisos su sucesor para gobernar sobre los dioses, atrajeron al pequeño con juguetes dorados y se abalanzaron sobre él, lo despedazaron y empezaron a devorarlo. Atenea interrumpió el espantoso banquete justo a tiempo para rescatar el corazón del pequeño, lo encerró en una figura de yeso en la que Zeus insufló vida y lo resucitó. A continuación Zeus fulminó a los Titanes con su rayo. Según el mito, de las cenizas nació la raza humana, que posee la parte terrena de los Titanes y la parte divina de Dioniso. 

Este mito, del niño resucitado, fue el que inspiró el ritual de los misterios de Orfeo, a quien se atribuye la creación de los Misterios Menores y los Misterios Mayores. Los Misterios Menores, también conocidos como los Misterios de Isis, guardaban relación con la purificación de los iniciados y la semilla que debe ser sembrada en el interior de la Tierra. Los Misterios Mayores, también asociados a Osiris, recreaban el fruto de la purificación de los elementos titánicos que permitía el renacimiento de la naturaleza divina,simbolizaban la liberación del hombre por Dioniso.

Hikuptah

Sobre los misterios


Se considera que los misterios menores, de los que los más conocidos son quizás los de Eleusis, estaban diseñados para cautivar al pueblo llano. A través de su simbolismo y su sensualidad se trasmitía el mensaje de la inmortalidad del alma y de una vida futura donde la virtud sería recompensada y el vicio recibiría su castigo. 

Tiempo después, a los iniciados más preparados que se les había permitido penetrar en el secreto de los misterios mayores descubrían que todo en lo que habían creído anteriormente era falso, era una mera ilusión politeísta dónde los antiguos dioses eran simples mortales divinizados. 

El nuevo misterio iniciático se manifestaba entonces como un proceso de desilusión donde se debía renunciar a las antiguas creencias para poder ver la Verdad y percibir que solamente existe un único Dios invisible y anónimo que es la causa última y el origen del Ser que lo originó todo por sí mismo y al que todas las cosas deben su existencia. 

Esta división entre misterios menores y misterios mayores forma parte de lo que hoy en día se conoce por religiones dúplex, y que son una forma de proceder que ha pervivido desde la antigüedad más remota. En estas tradiciones existe un culto, enseñanza o doctrina muy distinta entre la que recibe el pueblo y los aprendices, y la que procesan los altos iniciados. 

En los misterios mayores el iniciado aprendía que existe un sólo Dios y que los hombres eran los únicos responsables de su destino personal y colectivo puesto que no existía ninguna injerencia por parte del Creador.

Hikuptah

Egregor y Entidades Colectivas


René Guénon, en el libro “Iniciación y realización espiritual” distingue el concepto de “Egregor” del de “Entidad Colectiva”. Considera que fue Eliphas Levi con su fantasía ocultista quien mezclo las distintas realidades. Según Levi, Egregor proviene etimológicamente del vocablo latino “grex” que significa rebaño. Para Guénon “Egregor” es una palabra de origen griego que significa vigilante. 

Cuenta Guénon que egregor aparece citado en el Libro de Enoc como una entidad espiritual enigmática que pertenece al mundo intermediario. También afirma, que las entidades colectivas son exclusivamente entidades psíquicas producto de la mente. Las primeras, las entidades espirituales, son trascendentes y viajan en el plano vertical, mientras que las segundas, las colectivas, son fruto del dominio individual y se desplazan en el plano horizontal. Guénon asevera que lo superior nunca puede venir de lo inferior, por tanto un ser inferior como el hombre nunca puede crear uno superior como lo es un ser espiritual o divino.

Estas entidades colectivas que son mentales surgen del ensanchamiento del dominio de lo individual y permiten conseguir una serie de ventajas a través de su fuerza sutil, podríamos poner de ejemplo de la cadena de unión que es el ejemplo más explicito de la ceremonia masónica.

Guénon también alude a la existencia de entidades colectivas de carácter espiritual, por ejemplo las relacionadas con las comunidades religiosas. Estas entidades actúan como mediadoras y se puede acceder a ellas para conseguir favores, por ejemplo, a través de la oración.

Respecto a las organizaciones iniciáticas afirma que los elementos psíquicos generados por el grupo a través de la tradición ofrecen una defensa frente al mundo exterior y una protección de sus miembros. En ningún caso Guénon afirma que en estos grupos exista, como en los religiosos, entidades espirituales que intercedan por ellos. La única trasmisión espiritual que se manifiesta en las organizaciones iniciáticas es a través de la propia iniciación que produce en el iniciado una influencia espiritual en directo o diferido.

Al respecto también apunta Guénon que en las colectividades iniciáticas deterioradas, en aquellas que antes decíamos que había malas vibraciones y ahora se dice que hay mal rollo, las influencias psíquicas negativas que se generan ocultan las influencias espirituales y las merman con las consiguientes consecuencias de transmisión iniciática.

Hikuptah

El Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne



Recordemos que el profesor Lidenbrock, principal protagonista de la novela de Verne, sigue las huellas de un alquimista, Arne Saknussem, remontando en su camino el pasado de la naturaleza, en un verdadero regreso a las fuentes. En esto también Viaje al Centro a la Tierra entronca con la tradición del descensus ad inferos, el descenso a los infiernos, en su vertiente de regresus ad uterum, la vuelta al seno de la Gran Madre Ctónica, paradigma de los ritos de paso; y es que la obra de Julio Verne reviste todos los elementos de un viaje iniciático, porque el pretexto de la aventura no ensombrece el núcleo verdadero de la historia, la del viaje de descubrimiento o la búsqueda individual en pos de la sabiduría, de la gnosis y, en el caso de Axel, otro de los protagonistas de la novela, de la conquista de la madurez intelectual y espiritual. 

De este modo, mediante su conexión con la alquimia, se revela la verdadera naturaleza del relato de Verne como un auténtico descenso a los infiernos; un viaje de iniciación ritual. Según Simone Vierne, que ha consagrado un monumental estudio al carácter iniciático de la obra verniana (2), ésta tiene su raíz en la corriente de tradiciones esotéricas más arcaicas, como los misterios eleusinos, la queste griálica, el hermetismo y la masonería, por no hablar del ciclo de Gilgamesh y la eterna busca de la inmortalidad, así como el mito tibetano de Agartha y otras ciudades subterráneas. La constante presencia de los grandes temas míticos en la obra de Jules Verne incitan a algunos autores a ver en ella una mitología bien estructurada, una planificada y consciente revisión de ritos esotéricos, o bien una recreación en filigrana de los mitos escogidos por las grandes obras literarias (3) 

Si puede ponerse en tela de juicio que todas las obras de Jules Verne participen de este carácter iniciático, no cabe dudarlo en lo que se refiere particularmente al Viaja al Centro de la Tierra, de simbolismo tan evidente y tan turbador el cortejo de elementos rituales y esotéricos que aparecen en esta obra. En este sentido, merece la pena recordar que el ritual de toda ceremonia de iniciación comporta tres secuencias fundamentales: la preparación del candidato –que tiene lugar a menudo en el antro, caverna o recinto sagrado– , el viaje, símbolo de muerte, tránsito o metamorfosis, y el renacimiento, resurreción o salida del antro iniciático. En la novela de Verne, el comienzo del viaje está marcado por la aparición de un documento secreto, en forma de criptograma, escrito en carácteres rúnicos, esto es, sagrados –se atribuyen al mismísmo Odín– y transrito en latín por un alquimista, Arne Saknussem, cuyas obras habían sido destruídas al considerarlas heréticas. Este manuscrito investido de propiedades misteriosas y esotéricas equivale a una revelación que definitivamente marca el camino y señala el comienzo de la empresa iniciática. El hecho de que la ciencia de Lidenbrock, el científico, se revele impotente para descifrar el criptograma, y que sea el cándido Axel quien lo haga por azar o intuición, manifiestan que éste ha sido elegido por su inocencia (como en el célebre caso de Galaad en la queste griálica) para conquistar la cima.


Prosiguiendo con la lectura en clave simbólica de la obra de Verne, podría añadirse que el destino del viaje es el centro de la tierra, el punto supremo, imagen del Centro primordial, lugar sagrado por excelencia, inaccesible al profano. Y del mismo modo, el umbral o paso de entrada se halla en un volcán, puerta del infierno, en algún remoto lugar de Islandia, región que participa del simbolismo polar, una vez más asociado a la imagen del Paraíso o Axis mundi. En la novela, este acceso al inframundo debe cumplirse en una fecha determinada, la del solsticio de verano, cuya significación en determinados rituales de la masonería y en el contexto de los misterios de la antigüedad hemos puesto de manifiesto en diversas ocasiones. Finalmente, el juramento del silencio es impuesto al neófito, como establecen los cánones de la inciación, especialmente en el caso de algunas religiones mistéricas y en la francmasonería. Basten las pequeñas notas aquí apuntadas para poner de relieve el componente esotérico del Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne, cuya vertiente simbólica admite una lectura de mayor profundidad a nivel iniciático que quizá podramos retomar en otra ocasión.

Fuente: http://www.viajesconmitia.com/2010/06/03/viaje-al-centro-de-la-tierra/

El infierno de Dante y el secreto del hombre

La Divina Comedia de Dante con ilustraciones realizadas en Génova, a finales del s. XIV. 
(Bodleian Library, University of Oxford, MS. Holkham misc. 48)

Extracto de "El infierno de Dante y el secreto del hombre"  publicado en Arsgravis

Todos llevamos dentro nuestro propio secreto ¿quién de nosotros no lo ha presentido nun­ca?. Quizá hallemos aquí una de las explicaciones de la palabra evangélica: “Se dará al que ya tiene”. Presentir este secreto es pre­sentir el infierno, pues el infierno es el secreto del hombre. ¿Quién osará y quién conseguirá sin perjuicios, como Dante, penetrar en este “secreto del mundo”?

La Divina Comedia suele considerarse como la expresión más completa del esoterismo cristiano. Si deseamos saber algo de ello, leamos a Dante no por su belleza sino por su verdad.
En el primer canto, el poeta se extravía queriendo alcanzar di­rectamente la cima por la “pendiente árida” que había emprendido. El paso le fue cerrado por una bestia “que nunca ha dejado pasar a nadie, sino que acosa al hombre hasta devorarlo” y que “se acopla a numerosos machos” (Infierno, I, 95-96 y 100). Así pues, para reencontrar la vía tiene que hallar a un guía, Virgilio, maestro del bello lenguaje: “Eres mi maes­tro” –exclamó Dante– “y mi autor, eres el único de quien he podido adoptar el noble estilo a quien debo el honor” (I, 85-87). Notemos este após­trofe, pues nada ha sido escrito inútilmente. Este guía era un maestro del noble estilo, llamado también en aquella época lenguaje cerra­do. Pero Dante no hubiera podido realizar este encuentro sin la intervención de tres damas: la virgen María, Beatriz y Lucía.
“Deberás seguir otra vía”, dice Virgilio, “si quieres salvarte. […] creo y pienso, pues, que para ti lo mejor consiste en seguirme. Y seré tu guía para sacarte de aquí hacia un lugar eterno, donde podrás oír los gritos desesperados, donde verás el duelo de las almas anti­guas que gimen por la segunda muerte. Más allá, verás a aquellos que están contentos incluso en pleno fuego y que esperan alcanzar un día el coro de los bienaventurados” (I, 91 y 112-120).
Dante replicó: “Condúceme allí donde acabas de decirme, a fin de que pueda ver la puerta de san Pedro y a aquellos tan afligidos de los que me has hablado” (I, 132-135). Siguiendo a su guía paso a paso Dante penetra en el secreto: “En­tonces partió y seguí sus pasos” (I, 136). Así termina el primer canto. Así comienza el camino: initium, ‘comienzo’, Dante emprendió de esta forma la vía iniciática.
A modo de conclusión de este primer canto de la Divina Come­dia, observemos, ante todo, que la vía iniciática indicada aquí aparece muy distinta de la mística habitual.La mística se esfuerza por al­canzar directamente la cima, y es aquí donde Dante confiesa haberse extraviado en la pendiente árida. Los poderes de los ascetas, los hechos maravillosos que a menudo acompañan una gran santidad, atestiguan sin duda alguna una realización que no está al alcance de los hombres vulgares. 
La mística separa el cielo de la tierra, en lugar de unirlos; no se trata, pues, de una realización humana propiamente dicha, puesto que el hombre está compuesto de espíritu y cuerpo. Incluso cuando el místico utiliza ciertas técnicas, como el yoga hindú, técnicas de purificación y de dominio, el cuerpo sólo es considerado como un soporte pasajero cuyo espíritu debe tender a desprenderse.
El tema del descenso a los infiernos es célebre en la literatura clásica. Era el tema dominante en las iniciaciones de Eleusis. Pero no hay que malinterpretar el significado de esta katabasis. No sólo tiene un valor de enseñanza. En hebreo la palabra cheol, ‘infierno’, procede de una raíz que significa ‘pedir’. El cheol está representa­do por unas fauces siempre abiertas de una avidez insaciable y no devuelve lo que ha cogido. Cuando el viviente baja al cheol, es para quitarle algo muy preciado, es para liberar su secreto, el secreto del hombre. Dicho secreto no se encuentra en el cielo de los místicos, incluso cuando se unen aunque sea por un instante, según dicen, con el gran Todo. Este secreto se encuentra en el infierno con los conde­nados, es el de la Palabra perdida. El ignorante busca en sueños.

Fuente: http://www.arsgravis.com/?p=185

Iniciación

…el extranjero llamaba a la puerta del gran templo de Thebas o de Memphis. Varios servidores le conducían bajo el pórtico de un patio interior. El hierofante se aproximaba al recién llegado. El sacerdote de Osiris interrogaba al recién llegado sobre su ciudad natal, sobre su familia y sobre el templo donde había sido instruido. Si en aquel corto pero incisivo examen se le juzgaba indigno de los misterios, un gesto silencioso, pero irrevocable, le mostraba la puerta. Pero si el sacerdote encontraba en el aspirante un deseo sincero de la verdad, le rogaba que le siguiera. Atravesaba pórticos, patios interiores, luego una avenida tallada en la roca a cielo abierto y bordeada de obeliscos y de esfinges, y por fin se llegaba a un pequeño templo que servía de entrada a las criptas subterráneas. La puerta estaba oculta por una estatua de Isis de tamaño natural. La diosa sentada tenía un libro cerrado sobre sus rodillas, en una actitud de meditación y de recogimiento. Su cara estaba cubierta con un velo. Se leía bajo la estatua: “Ningún mortal ha levantado mi velo”.

— Aquí está la puerta del santuario oculto — decía el hierofante —. Mira esas dos columnas. La roja representa la ascensión del espíritu hacia la luz de Osiris; la negra significa la cautividad en la materia, y en esta caída puede llegarse hasta el aniquilamiento. Cualquiera que aborde nuestra ciencia y nuestra doctrina, juega en ello su vida. La locura o la muerte: he ahí lo que encuentra el débil o el malvado; los fuertes y los buenos únicamente encuentran aquí la vida y la inmortalidad. Muchos imprudentes han entrado por esa puerta y no han vuelto a salir vivos. Es un abismo que no muestra la luz más que a los intrépidos. Reflexiona bien en lo que vas a hacer, en los peligros que vas a correr, y si tu valor no es un valor a toda prueba, renuncia a la empresa. Porque una vez que esa puerta se cierre, no podrás volverte atrás...





Edouard Schure – Los Grandes Iniciados II – Hermes y Moisés