LAS CONFESIONES A MAAT




Te reverencio, oh Gran Dios, Maestro de toda Verdad; 
he venido a ti, oh mi Dios, y he venido resuelto a conocer Tus decretos. 

Te conozco y estoy de acuerdo contigo y con tus dos y cuarenta leyes que existen contigo en esta Cámara de Maat. 

En Verdad estoy de acuerdo contigo y he llevado a Maat en mi mente y mi alma.


He destruido la maldad por Ti.
No he hecho mal a la humanidad.
No he oprimido a los miembros de mi familia.
No he inducido al mal en vez de a la justicia y a la Verdad.
No he tenido intimidad con hombres indignos.
No he exigido la primera consideración.
No he ordenado que se realice para mí un trabajo excesivo.
No he propuesto mi nombre para que sea exaltado a los honores.
No he defraudado en sus bienes a los oprimidos.
No he hecho que nadie sufra hambre.
No he hecho llorar a nadie.
No he hecho que se inflija dolor a hombre ni animal alguno.
No he defraudado al Templo en sus ofrendas.
No he disminuido la medida de los cereales.
No he hurtado tierra.
No me he introducido en los campos ajenos.
No he aumentado las pesas de las balanzas para engañar al vendedor 
ni he leído mal el fiel de las balanzas para engañar al comprador.
No he impedido que beban leche los niños.
No he detenido el agua cuando debía correr.
No he apagado el fuego cuando debía arder.
No he rechazado a Dios en Su Manifestación.


AFIRMACIÓN

¡Soy puro! ¡Soy puro! ¡Soy puro!
Mi pureza es la pureza de la Divinidad del
Templo Sagrado.
POR CONSIGUIENTE NO ME SOBREVENDRÁ EL MAL EN
ESTE MUNDO
PORQUE YO, INCLUSO YO, CONOZCO LAS LEYES DE
DIOS QUE SON DIOS.

HIMNO A ISIS




Yo soy la que he sido enviada desde el poder

y he venido hacia los que piensan en mí

y he sido encontrada en los que me buscan.


Miradme los que pensáis en mí

y vosotros que oís, oídme.

Los que me estáis esperando,

acogedme junto a vosotros;
y no me apartéis de vuestra vista;
y que no me odie
ni vuestra voz ni vuestro oído;
y no me ignoréis en lugar
o en tiempo alguno.

¡Alerta! No me ignoréis.

Pues yo soy la primera y la última,

la honrada y la despreciada,
la prostituta y la Santa,
la esposa y la virgen,
la madre y la hija,
los miembros de mi madre,
la estéril y la que tiene muchos hijos.

Yo soy aquella cuya boda es grande

y no he tomado esposo,

la comadrona y la que no da a luz,
el consuelo de los dolores de parto.


Yo soy la novia y el novio;

y mi marido fue quien me engendró.

Yo soy la madre de mi padre
y la hermana de mi marido;
y él es mi vástago.

Yo soy la esclava del que me preparó

y la dominadora de mi vástago;

pero él es quien me engendró
antes del tiempo del nacimiento,
siendo él mi vástago en el tiempo;
y mi poder procede de él.

Yo soy el cayado de su poder en su juventud

y él es la báculo de mi vejez;

y lo que quiere él es lo que me sucede.

Yo soy el silencio incomprensible,

la idea cuyo recuerdo es frecuente,

la voz de múltiples sonidos
y la palabra de múltiple apariencia.
Yo soy la pronunciación de mi nombre.

¿Por qué me amáis los que me odiáis

y me odiáis los que me amáis?

Los que me negáis, confesadme;

y los que me confesáis, negadme.
Los que decís la verdad sobre mí,
mentid sobre mí;
y los que habéis mentido sobre mí,
decid la verdad sobre mí.
Los que me conocéis, ignoradme;
y los que no me habéis conocido, conocedme.
Pues yo soy el conocimiento y la ignorancia.

Yo soy la vergüenza y la osadía;

soy una desvergonzada y estoy avergonzada,

soy poderosa y estoy atemorizada,
soy la guerra y la paz.


Prestadme atención:

yo soy la que ha caído en desgracia

y la más grande.

Prestad atención a mi pobreza y a mi riqueza.

No seáis arrogantes conmigo

cuando sea arrojada sobre la tierra:

me encontraréis en los que vendrán.

Y no me consideréis en el montón de estiércol,
y no vayáis y me dejéis abandonada:
y me encontraréis en los reinos.

Mas no me miréis cuando

esté exiliada entre aquellos

que han caído en desgracia
y en el más remoto lugar,
y no me abandonéis entre aquellos
que han de ser asesinados.


Pero yo, yo soy compasiva y cruel.

¡Alerta! No odiéis mi obediencia;

y no améis mi autocontrol

No me abandonéis en mi debilidad;

y no tengáis miedo de mi poder.
¿Por qué, pues, desdeñáis mi miedo
y maldecís mi orgullo?
Pero yo soy la que existe en todos los miedos;
soy la fuerza de un temblor;
soy débil y me encuentro a gusto
en lugar placentero;
soy insensata y prudente.

¿Por qué me habéis odiado en vuestros concilios?;

Porque yo callaré entre aquellos que callan?,

y yo apareceré y hablaré.

¿Por qué, entonces, me habéis odiado vosotros, griegos?;

porque soy una bárbara entre los bárbaros.

Yo soy la sabiduría de los griegos

y el conocimiento de los bárbaros.
Yo soy el juicio de los griegos y de los bárbaros.
Yo soy aquella cuya imagen es importante en Egipto,
y la que no tiene imagen entre los bárbaros.
Yo soy la que ha sido odiada
y amada en todas partes.

Soy aquella a la que llaman Vida

y llamasteis Muerte,

a la que llaman Ley
y llamasteis falta de Ley,
a la que habéis perseguido
y aquella que habéis capturado;
soy aquella a la que habéis temido
y a mi os habéis unido.
Yo soy aquella ante la que os habéis avergonzado
y no habéis tenido vergüenza de mí.
Yo soy la que no celebra,
pero cuyas celebraciones son importantes.
Yo, yo no tengo Dios,
pero soy aquella cuyo Dios es relevante.


Yo soy aquella en la que pensasteis

y me despreciasteis.

Soy ignorante, pero aprenden de mí.

Soy aquella a la que despreciasteis,

pero pensáis en mí;

a la que escondisteis,
pero aparecéis para mí.
Pero cuando os ocultéis,
yo misma apareceré;
pues cuando aparezcáis,
yo me ocultaré de vosotros...


Y llevadme hacia vosotros

desde la comprensión y el dolor.

Y llevadme hacia vosotros
desde lugares sórdidos y ruinosos.
Y robad a los buenos
incluso en la adversidad.

Desde la vergüenza,

llevadme hacia vosotros desvergonzadamente;

y desde la desvergüenza y la vergüenza,
reprended a mis miembros en vosotros.
Y venid hacia mí los que me conocéis
y los que conocéis mis miembros.
Y colocad a los grandes
entre las primeras criaturas pequeñas.
Venid hacia la niñez
y no la odiéis por ser insignificante y pequeña.
Y no rechacéis grandeza
en parte alguna desde la pequeñez,
pues la pequeñez es conocida a partir de la grandeza.

¿Por qué me maldecís y me honráis?

Vosotros habéis hecho daño

y habéis tenido compasión.
No me separéis de entre
los primeros que conocisteis;
ni expulséis ni rechacéis a nadie...

Yo conozco a los primeros

y los que están tras éstos me conocen.

Pero yo soy el intelecto y el reposo.
Yo soy el conocimiento de mi pregunta,
y el encuentro de los que me buscan
y el precepto de los que piden por mí.

Yo soy el poder de los poderes

en mi conocimiento de los ángeles,

que fueron enviados por mi palabra,
de dioses que están
en sus tiempos en mi consejo,
de espíritus de cada hombre
que existen conmigo
y de mujeres que viven dentro de mí.

Yo soy la honrada, la bendita

y la despreciada con desdén.

Yo soy la paz y por mí vino la guerra;

y soy extranjera y ciudadana.
Yo soy la esencia y la que no tiene esencia.
Los que están fuera de mi relación
me ignoran,
mientras que los que están en mi esencia
me conocen.
Los que están cerca de mí
me han ignorado,
mientras que los que están lejos de mí
son los que me han conocido.

Durante el día,

cuando estoy cerca de vosotros,

estáis lejos de mí;
y durante el día,
cuando estoy lejos de vosotros,
estoy cerca de vosotros.

Yo soy la que retiene y la que no retiene,

la unión y la desunión,

lo permanente y la desunión.
Yo estoy debajo y ellos se acercan a mí.
Yo soy el juicio y la exculpación.
Yo, yo estoy libre de pecado
y la raíz del pecado procede de mí.
Yo soy aparentemente el deseo
y el autodominio existe dentro de mí.
Yo soy el oído que todos perciben
y el habla que no puede ser comprendida.

Yo soy una muda que no habla

y sobreabunda en palabras.

Escuchadme con tolerancia

y aprended de mí sin instrucción.

Yo soy la que grita y es expulsada
sobre la faz de la tierra.
Yo preparo el pan
y mi intelecto en el interior.
Yo soy el conocimiento de mi nombre.
Yo soy la que grita y escucha.
Yo soy aquella a la que llaman
Verdad e injusticia.

Me honráis

y murmuráis contra mí.

Los que sois vencidos,
juzgadlos (a los que os vencen)
antes de que os juzguen,
pues el juez y el favoritismo están en vosotros.

Si sois condenados por ése,

¿quién os absolverá?

O si sois absueltos por él,

¿quién podrá deteneros?
Lo que está dentro de vosotros
es lo que está fuera de vosotros;
y lo que os plasma por fuera
es lo que os configuró por dentro;
y lo que veis fuera de vosotros
lo veis dentro de vosotros.
Se manifiesta y es vuestra prenda.

Escuchadme, oyentes,

y aprended de mis palabras

los que me conocéis.

Yo soy el oído percibido
por todas las cosas y el habla
que no puede ser comprendida.
Yo soy el nombre del sonido
y el sonido del nombre.
Yo soy la señal de la carta
y la manifestación de la división.
Entonces yo pronunciaré
el nombre del que me creó.
Mirad, pues, sus palabras
y todas las escrituras que fueron completadas.


Por tanto, prestad atención, oyentes,

así como vosotros también, ángeles,

y los que han sido enviados,
y los espíritus que se levantaron
de entre los muertos.
Pues yo soy la que únicamente existe
y no tengo quien me juzgue.

En efecto, son muchas las formas agradables

que existen en los múltiples pecados

y desenfrenos y pasiones vergonzosas
y placeres efímeros que los retienen
hasta que llegan a ser sobrios
y se apresuran hacia sus lugares de descanso.
Y me encontrarán en ese lugar,
vivirán y no morirán de nuevo.

Manuscrito descubierto en Nag Hammadi

Himno a Heka


"Tu voz es hermosa como la de un padre
¡Salve ancestral carnero! 
Junto a Djehuty has creado las palabras 
y a los hijos de los vivos con tus hechizos. 
Desde las profundidades del abismo me gritas
y tu clamor resuena en mis oídos.

Eres el perfecto de palabras 
el elocuente señor del espacio infinito. 
la tierra se estremece con tus gritos 
y todas las criaturas se someten al eco de tu voz. 

Pronuncia una sola palabra y mi corazón se detendrá de repente 
pero sé que con tus labios me vas a devolver la vida 
para que habite en la Eterna Morada 
o vuelva con los vivos sobre la tierra. 

Llámame y no volveré a escuchar otro sonido 
haz que mis oídos escuchen sólo lo qué tú quieres que escuchen 
y que mis ojos vean todo lo que tú quieras".

Los Versos Áureos de Pitágoras



Honra ante todo a los dioses inmortales
según establece la ley. Respeta la palabra dada.
Honra luego a los héroes glorificados, y consagra por fin
a los genios terrestres, rindiéndoles también debido culto.

Honra a tu padre, a tu madre y a tus próximos parientes.
Escoge por amigo al más destacado en virtud,
atiende sus dulces advertencias, y aprende de sus ejemplos.
Discúlpale sus faltas mientras puedas,
evitando todo juicio severo; ya que lo posible
se halla cerca de lo necesario. Sé razonable.

Acepta las cosas como son. Acostúmbrate a vencerte.
Sé sobrio en el comer, activo y casto.
Nunca cometas actos deshonestos de los que puedas luego
avergonzarte,ni en privado ni en público.
Ante todo, respétate a ti mismo.

Observa la justicia en acciones y palabras.
Nunca te comportes sin regla ni razón.
Piensa que el Hado ordena a todo morir,
y que los fáciles honores y bienes de fortuna son inciertos;
que las pruebas de la vida vienen por voluntad divina.

Sea adversa o favorable, alégrate siempre de tu suerte,
mas trata con noble tesón de mejorarla.
Piensa que el destino es más benévolo para los buenos
que comprenden y a sus designios se ajustan.

Mucho se habla y mucho se enjuicia sobre diversos temas.
No los acojas con admiración ni tampoco los rechaces.
Más si advirtieres que el error triunfa,
ármate de paciencia y de dulzura.
Observa estas razones en toda circunstancia:
Que nadie te induzca con palabras o actos
a decir o a hacer lo que no te corresponda.

De insensatos es hablar y obrar sin premeditación.
Consulta, delibera, y elige la más noble conducta.
Trata de edificar sobre el presente
lo que ha de ser realidad futura.

No alardees de lo que no entiendas,
pero aprende siempre y en toda circunstancia,
y la satisfacción será su resultado.

Jamás descuides la salud del cuerpo.
Dale con mesura comida, bebida, ejercicio y descanso,
ya que armonía es todo aquello que no perjudica.

Habitúate a vivir sencilla y pulcramente.
Evita siempre provocar la envidia.
No realices dispendios excesivos
como aquellos que ignoran la medida de lo bello.
No seas avaro ni mezquino, y elige en todo
un justo medio razonable.

No te empeñes en hacer lo que pueda perjudicarte.
Reflexiona bien antes de obrar.
No permitas que cierre el dulce sueño tus párpados
sin analizar las acciones del día.
¿Qué hice? ¿En qué falté? ¿Qué dejé de hacer, que debiera haber hecho?
Y si en el examen hallas falta, trata de enmendarte;
mas si has obrado bien, regocíjate de ello.
Trata de practicar estos preceptos. Medítalos y ámalos,
que ellos te conducirán por la senda de la virtud divina.

Lo juro por Aquel que ha transmitido a nuestra alma
la Tetrada Sagrada, inmenso y puro símbolo,
fuente de la naturaleza, de curso eterno.

No inicies obra alguna sin antes rogar a los dioses
que en ella colaboren. Y cuando te hayas familiarizado
con estas costumbres, sondearás la esencia de hombres y
dioses y conocerás, de todo, el principio y el fin.
Sabrás también oportunamente
la unidad de la naturaleza en todas sus formas.
Nunca entonces esperarás lo inesperable,
y nada te será ocultado.

Sabrás también que los males que aquejan a los hombres
han sido por ellos mismos generados. 
En su pequeñez, no saben ver ni entienden
que tienen muy cerca los mayores bienes. Pocos conocen
el secreto de la felicidad, y ruedan como objetos
de acá para allá, abrumados de múltiples pesares.
La aflictiva discordia innata en ellos limita su existencia
sin que se den cuenta. No conviene provocarla,
sino vencerla, a menudo, cediendo. O Zeus inmenso, padre de los hombres!
Tú puedes liberar a todos de los males que les agobian
si les muestras el genio que les sirve.

Mas ten valor, que la raza humana es divina.
La sagrada naturaleza te irá revelando a su hora,
sus más ocultos misterios. Si te hace partícipe de ellos,
facilmente lograrás la perfección.
Y sanada tu alma, te verás libre de todos los males.

Ahora abstente de carnes, que hemos prohibido en las purificaciones.
Libera poco a poco tu alma, discierne lo justo, y aprende
el significado de las cosas.
Deja que te conduzca siempre la inteligencia soberana, y
cuando emancipado de la materia seas recibido en el
éter puro y libre, vencerás como un dios a la muerte con la inmortalidad.

Pitágoras celebrando la salida del Sol.  Fëdor Bronnikov,1869

Oración a Isis



¡Oh, reina del cielo! Tú, cierto, eres santa y abogada continua del humanal linaje. Tú, señora, eres siempre liberal en conservar y guardar los pecados, dando dulcísima afición y amor de madre a las turbaciones y caídas de los miserables: ningún día, hora, ni pequeño momento pasa vacío de tus grandes beneficios.

 Tú, señora, guardas los hombres, así en la mar como en la tierra, y apartados los peligros de esta vida, les das tu diestra saludable, con la cual haces y desatas los torcidos lazos y nudos ciegos de la muerte, y amansas las tempestades de la fortuna, refrenas los variables cursos de las estrellas: los cielos te honran, la tierra y abismos te acatan. 

Tú traes la redondez del cielo, tú alumbras el sol, tú riges el mundo y huellas el infierno; a ti responden las estre­llas, y en tí tornan los tiempos; tú eres gozo de los ángeles; a ti sirven los elementos; por tu consentimiento expiran los vientos y se crían las nubes, nacen las simientes, brotan los árboles y crecen las sembradas; las aves del cielo y las fieras que andan por los montes, las serpientes de la tierra y las bestias de la mar temen tu majestad.

 Yo, señora, como quiera que para alabarte soy de flaco ingenio y para sacrificarte pobre de patrimonio, y que para decir lo que siento de tu majestad no basta facundia de habla, ni mil bocas, ni otras tantas lenguas, ni aunque perpetuamente mi decir no cansa­se; pero en lo que solamente puede hacer un religioso, aunque pobre, me esforzaré que todos los días de mi vida contemplaré tu divina cara y santísima deidad, guardándola y adorándola dentro del secreto de mi corazón.

La Metamorfosis de  Apuleyo

Himno a Hathor



Te saludo, oh, Dorada,
soberana del Sol, uraeus del Señor Supremo!
Tú, la misteriosa, la que da vida a las divinas entidades,
la que da forma a los animales, moldeándolos a su capricho,
la que moldea a los hombres…
¡Oh Madre!... Tú, la luminosa, la que obliga a retroceder
a la oscuridad, la que ilumina a los seres humanos
con sus rayos.
Te saludo, oh, grandiosa, la de los múltiples nombres…
¡Tú, de quien provienen las divinas entidades
en tu nombre de Mut – Isis!
¡Tú, que haces respirar a la garganta,
con el nombre de Tefnu!
¡Oh Neit, que apareciste en tu barca
con el nombre de Mut!
¡Oh, madre venerable, tú que doblegas a tus
adversarios con el nombre de Nekhebet?
¡oh, tú que sabes cómo emplear con justicia el corazón, 
tú que vences a tus enemigos con el nombre de Sekmet!...


Inscripción templo de Dendera

AMON, RA I PTAH


[...] Tres son los dioses que no tienen igual: Amon, Ra y Ptah. Su nombre está oculto, en tanto que Amon; Ra es la cabeza y Ptah el cuerpo. Sus ciudades sobre la tierra están establecidas para siempre: Tebas, Heliópolis y Menfis para la eternidad. Cuando hay un mensaje del cielo se oye en Heliópolis; se repite en Menfis, por el dios ‘del bello rostro’ (Ptah), y se hace con él una carta escrita con los caracteres de Thot para ser enviado a la ciudad de Amon. Su respuesta es dada en Tebas y una orden sale de ella (haciéndola vivir)’.

Martín Valentín, F.: Los magos del Antiguo Egipto. Madrid, 2003

Iniciación

…el extranjero llamaba a la puerta del gran templo de Thebas o de Memphis. Varios servidores le conducían bajo el pórtico de un patio interior. El hierofante se aproximaba al recién llegado. El sacerdote de Osiris interrogaba al recién llegado sobre su ciudad natal, sobre su familia y sobre el templo donde había sido instruido. Si en aquel corto pero incisivo examen se le juzgaba indigno de los misterios, un gesto silencioso, pero irrevocable, le mostraba la puerta. Pero si el sacerdote encontraba en el aspirante un deseo sincero de la verdad, le rogaba que le siguiera. Atravesaba pórticos, patios interiores, luego una avenida tallada en la roca a cielo abierto y bordeada de obeliscos y de esfinges, y por fin se llegaba a un pequeño templo que servía de entrada a las criptas subterráneas. La puerta estaba oculta por una estatua de Isis de tamaño natural. La diosa sentada tenía un libro cerrado sobre sus rodillas, en una actitud de meditación y de recogimiento. Su cara estaba cubierta con un velo. Se leía bajo la estatua: “Ningún mortal ha levantado mi velo”.

— Aquí está la puerta del santuario oculto — decía el hierofante —. Mira esas dos columnas. La roja representa la ascensión del espíritu hacia la luz de Osiris; la negra significa la cautividad en la materia, y en esta caída puede llegarse hasta el aniquilamiento. Cualquiera que aborde nuestra ciencia y nuestra doctrina, juega en ello su vida. La locura o la muerte: he ahí lo que encuentra el débil o el malvado; los fuertes y los buenos únicamente encuentran aquí la vida y la inmortalidad. Muchos imprudentes han entrado por esa puerta y no han vuelto a salir vivos. Es un abismo que no muestra la luz más que a los intrépidos. Reflexiona bien en lo que vas a hacer, en los peligros que vas a correr, y si tu valor no es un valor a toda prueba, renuncia a la empresa. Porque una vez que esa puerta se cierre, no podrás volverte atrás...





Edouard Schure – Los Grandes Iniciados II – Hermes y Moisés

Confesión a Maat


Alabanza a Ti, oh Gran Dios, Dueño de toda la Verdad! He venido a Ti, oh, mi Dios, y me he acercado aquí para hacerme conciente de Tus Decretos. Te conozco y estoy armonizado Contigo y con tus Dos y Cuarenta Leyes que existen Contigo en esta Cámara de Maat. Lleno de verdad he venido a armonizarme Contigo, y he traído a Maat en mi mente y en mi alma. 

«A vosotros, Maestros de la Verdad, ofrezco mi homenaje, a ti, Dios, Grande, Maestro de la Verdad igualmente lo tributo. Yo llego hasta ti, ¡oh, mi Señor! yo comparezco para contemplar tu esplendor. Yo te conozco, conozco tu nombre, conozco los de los cuarenta y dos Dioses que están contigo en la Sala de la Verdad, viviendo de los que guardan pecados, alimentándose de su sangre en el día de dar cuenta de las palabras ante Unofré. 

Alma doble, Señora de la Verdad es tu nombre, y sabes tú, Señor de la Verdad, que yo te traigo la Verdad y que separo de ti el mal. Nunca he hecho daño pérfidamente a ningún hombre. Jamás hice desgraciados a mis compañeros y semejantes. Nunca realicé hechos reprobables en la Morada de la Verdad. Jamás tuve relaciones con lo malo. Jamás practiqué el mal. Como jefe, nunca hice trabajar a los hombres, más de lo que fuere debido. Mi nombre ha llegado a la barca de la supremacía, mi nombre ha llegado a las dignidades de la supremacía, a la abundancia y a la autoridad del mando. Por mi causa, nunca hubo nadie que temiese, nadie que quedara pobre, que sufriera, ni que fuese desgraciado. Jamás realicé cosa que aborrezcan los Dioses. Nunca consentí que el dueño maltratase al esclavo. Por mí, nadie pasó hambre, y a ninguna persona he hecho llorar. 

Yo no he matado. Yo no he ordenado que persona alguna fuese privada de vida traidoramente. Jamás he mentido; jamás saqueé las provisiones de los Templos. Yo no he mermado las cosas ofrendadas a los Dioses. Yo no he despojado a las momias ni de sus panes ni de sus vendas. Yo no he fornicado. Yo no he cometido hechos vergonzosos con ningún sacerdote de mi religioso distrito. No he encarecido ni disminuido los aprovisionamientos. Jamás hice presión sobre el platillo de la balanza. Jamás defraudé, falseando, el valor del propio peso de la balanza. Nunca aparté la leche de la boca del niño. Nunca arrebaté los pastos al ganado. Yo no he puesto redes para coger los pájaros de los Dioses. Yo no he pescado nunca peces muertos. Yo no he rechazado a las aguas en épocas de crecida. Yo no he torcido el curso de la corriente de ningún canal. Yo no he extinguido la llama a su hora de lucir. Nunca he defraudado a los Dioses en sus ofrendas preferidas. Nunca rechacé a los ganados de propiedad divina. No he puesto obstáculo a ningún Dios en su éxodo. 

Yo soy puro, puro, puro. Yo soy puro con la pureza del Gran Bennu que está en Heracleópolis... »

Misterios iniciaticos. Durville Henry

LA RESPUESTA DE ISIS

... me presento ante ti conmovida por tus súplicas, yo, la madre de la Naturaleza, señora de todos los elementos, origen y principio de los siglos, divinidad suprema, reina de los mares, primera de entre los habitantes del cielo, representación genuina de dioses y diosas, que con mi voluntad gobierno la luminosa bóveda del cielo, los saludables soplos del Océano, los desolados silencios del Infierno. Y mi único poder, bajo formas diversas, honrado con cultos bajo distintas advocaciones, todo el orbe lo reverencia. Los frigios, primeros seres de la tierra, me llaman la diosa de Pesinunte, madre de todos los dioses; aquí, los áticos autóctonos, la Minerva de Cecrops; allí, los habitantes de Chipre, batida por las olas, la Venus de Pafos; entre los cretenses, hábiles en disparar flechas, soy Diana Díctina; para los sicilianos, que hablan tres idiomas, yo soy la diosa Proserpina Estigia; los habitantes de Eleusis me llaman la antigua diosa Ceres; unos, Juno; otros, Belona; éstos, Hécate; aquéllos, Ramnusia; y los etíopes, que son los primeros en ver la luz del sol naciente, y los egipcios, que sobresalen por su antiguo saber, venerándome con su propio culto, me llaman la reina Isis..."

El Asno de Oro. Lucio Apuleyo

Ptah: “El Creador”




Salve a ti, que son grandes y viejos,
Ta-Tenen, padre de los dioses, el gran dios del tiempo primordial
primero que modeló la humanidad e hizo los dioses,
que la evolución empezó en los tiempos primordiales,
la primera después de que todo lo que apareció desarrollados.

El que hizo el cielo, como algo que su corazón ha creado,
que lo elevó por el hecho de que apoyó la Shu,
quien fundó la Tierra a través de lo que él mismo ha hecho,
que la rodeó de Nun y el mar, que hizo la Duat y satisfacción a los muertos,
que causó Re viajar allí con el fin de resucitar como Señor de la Eternidad
y Señor de lo ilimitado Señor de la Vida.

El que le permite respirar en la garganta y le proporciona aire a cada nariz,
que con la comida mantiene viva toda la humanidad,
a quien toda la vida, más precisamente, la limitación del tiempo
y la evolución están subordinados, a través de emisión de quién se vive.

El que crea la oferta para todos los dioses en su camino
el Nilo gran Señor de la Eternidad ilimitado a los que está subordinada,
aliento de vida para todos los que realiza el rey
a su gran asiento en su nombre: "El rey de las Dos Tierras".
Papiro Harris

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“Salud a ti (Ptah) en presencia de tu colegio de dioses primordiales
que creaste después de revelarte como dios.
¡Oh, cuerpo que ha modelado su propio cuerpo
cuando el cielo no se había manifestado,
cuando la tierra no existía aún,
cuando todavía no subía el río (Nilo) en crecida!

………………………………………………………………………………

“No tienes padre que te haya entregado al manifestarte
ni madre que te haya dado el ser,
tú, cuyo nombre es también Khnum (alfarero).
Te has erguido sobre la tierra
- en el tiempo de su somnolencia…”
Papiro de Berlín